Desde el estreno de House of Gucci (película basada en un libro homónimo que narra el asesinato de Maurizio Gucci, el último Gucci, nieto y heredero de la firma, quien fue asesinado por su esposa: Patrizia Reggiani), este tema estuvo de auge bastante tiempo, ya que, en la película se mostraba como el mismo Maurizio, director de la marca, fabricaba sus clones, cosa que a Patrizia, parte de la empresa, le molestaba mucho. Sin embargo, esta es una práctica demasiado común entre las grandes firmas para obtener mayor popularidad desde la incentivación a la aspiracionalidad y recibir publicidad gratis. Obteniendo mayores ventas o simplemente reconocimiento para futuras inversiones o celebridades que pagan el modelo “original”.

Dupes, clones, imitaciones y piratería; sí… son diferentes


Mucho se dice acerca de las réplicas que existen de las ediciones que saca una marca, desde una bolsa hasta un pantalón o un vestido, tal y como lo vimos con los “Medusa Aevitas” de la colección que creó Donatella para el Ready-To-Wear del Spring-Summer del 2022. Fueron tan populares que se replicaron en tiendas locales e internacionales como Aliexpress, una tienda asiática bastante conocida por vender productos populares o en tendencias a un precio más bajo y sin violar los derechos de autor. O como las botas de plataforma “Spice” de Naked Wolfe, que fueron una completa tendencia en Tik Tok, que por
su alto precio, terminaron siendo replicadas desde distintas plataformas y a precios aún más accesibles que las originales.

No obstante, hay diferentes tipos de réplicas, que buscan reemplazar o sustituir al modelo original y del cual existen 4 tipos.


El dupe (que se traduce como duplicado) es el que es inspirado por la pieza madre o la pieza
considerada como la original, solamente busca parecerse, ya que entra desde lo que sé
considera legal. Utiliza un empaque similar, no idéntico, y dentro de una pirámide de calidad, este estaría en la cima de las réplicas: consisten de fórmulas, telas, patrones o siluetas parecidas, pero no rozan la imitación. Este fenómeno se da inclusive entre marcas, como con los tenis Speed de Balenciaga con precio de 565,00 €, que fueron replicados por Prolific por tan sólo 40,00 €. Esta es una forma efectiva de cumplir con las tendencias y el look, sin lucir la marca.

Después, un poco más abajo en la pirámide de la calidad, siguen las réplicas: estas son idénticas y son fuera de lo legal, ya que las fórmulas o materiales que emplean son básicamente, las mismas, y lo perjudicial en este caso es que, en ellas, sí buscan reemplazar a la marca, haciéndose pasar por originales. En este nivel todavía existen los estándares de calidad y, por lo tanto, precios por la “eficacia” o similitud que puede tener con el producto original.

Es relativamente común que tengan buena calidad, ya que son usados por los mismos equipos creativos para dar una prueba de lo que podría ser el producto final, o pueden llegar a ser vendidos por parte de la misma marca a un menor precio para no perder dinero y que el stock quede vacío. Esto sin perder la exclusividad que las marcas buscan conservar a toda costa. También, hay una realidad bastante común en las marcas y es el hecho de que a estas puede costarles el fabricar un reloj o un collar de diamantes
aproximadamente diez dólares y ellos venderlos a diez mil, de esta forma, la fábrica, en vez de producir los cien mil ejemplares que fueron pedidos, producen doscientos mil y esos los venden a un precio más accesible, siendo ellos los que reciben una buena ganancia por el mismo trabajo y diseño.

En este tipo de productos, al ser fabricados por las mismas empresas o con los mismos productos, los detalles son mínimos, como una costura mal hecha o el patrón sin reflejarse en los bordes, como hasta hace poco se tenía en un aspecto de “calidad”.

“La mayoría de falsificaciones tienen conexiones oscuras. Podemos hablar de tráfico de drogas, crimen organizado y trabajo infantil.”

-Steven Kolb, presidente del Consejo de Diseñadores de Moda de América


En la penúltima posición, ya se encuentran los clones, los cuales no son una copia fiel o cercana al producto original, sino que estos mezclan por completo diseños de una u otra marca, también texturas o tipos de siluetas que ni siquiera tienen una coherencia con el producto original, añadiendo brillos o combinando logotipos para no tener problemas legales. En fin, se agregan o quitan detalles que el producto original no tenía, los colores cambian ligeramente y terminan siendo una copia del producto, pero sólo las personas muy conocedoras u observadoras se darían cuenta de las especificaciones, ya que pasan desapercibidas al ojo no experto.

Y por último tenemos, al final de la pirámide, a las copias: estas son literalmente las más conocidas y las que reciben mayor mofa por la forma de fabricación, se nota directamente que son copias y no buscan ocultarlo. Usan el nombre de las marcas de forma descarada, pero sin escribirlo bien o usando la tipografía de otra marca, todo, con tal de vender esa aspiración y ese lujo excesivo que las personas estamos buscando indistintamente en cualquier producto, al contrario del lujo silencioso. Sus materiales son de la peor calidad y realmente no aportan mucho, por no decir, algo a un estilo, ya que es meramente, aspiración.

Las marcas ganan de la piratería


Como se ve en la película de House Of Gucci y ya es realmente conocido en esta industria, la forma de fabricación es masiva. El proceso empieza desde la predicción de tendencias, alrededor de 5 años antes, mínimo 2 o 1, que son los que vemos ya en las pasarelas, sin embargo, sigue el diseño (que consta de la elección de telas, siluetas, cortes) y el patronaje; este es el producto casi final, que después se manda a las grandes fábricas (las cuales normalmente residen en China y Asia, son elegidas principalmente por la mano de obra barata que existe en ese continente), y se pide cierta cantidad de ejemplares y después son recibidas, pero como se mencionó arriba, a veces las mismas marcas autorizan (por debajo de la mesa) la producción de más artículos con menor calidad y a menor precio para poder ser vendidos en forma de dupes o clones.

Las mismas empresas compran estos patrones para poder hacer los productos de la forma más similar al original, sin violar alguna ley de derechos. Se estima que alrededor del 40% de la piratería que existe en el mundo, es autorizada por las mismas marcas, que a su vez, les hacen campaña al producto “falso” para obtener mayor popularidad y ventas.

De aquí nace la piratería moderna, que ahora es llamada “fast fashion”, aunque no solamente se reduce a la ropa o moda blanda, sino que va desde el maquillaje y todo tipo de mercancía que pueda ser replicada. El problema mayor no es solamente las réplicas y la búsqueda de una identidad que no es propia o encajar en cierto estándar, esto da pie al narcotráfico y al lavado de dinero, a las empresas fantasmas y a su vez, a muerte y explotación. Depende, por supuesto de qué se esté copiando, pero muchas veces no se sabe de dónde proceden los productos o qué es lo que ha pasado, aunque esto no exime a los modelos originales de estar libres de explotación laboral, sexual, trata de blancas y drogas, por supuesto. Ya que en el mundo de la moda, al ser una industria tan grande, no es de sorprender la corrupción que existe, todo esto, por lograr más dinero y a su vez: poder.

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