Columna por Ellie Rossebanks

“La corona se conoce por ser lujosa y extravagante, incluso en tiempos de crisis, cosa que también se le ha criticado […]”


El pasado jueves vivimos historia al recibir la noticia del fallecimiento de la reina Isabel II, monarca de muchas naciones de Europa y África. Cada persona es libre de opinar lo que deseé con respecto a la monarquía, ya que desde un punto de occidentalismo y una forma soberana de gobierno se tendrían muchas preguntas, cuestionamientos, críticas y juicios; todo esto es respetable e individual, sin embargo, no podemos negar la influencia de la monarquía y sus miembros en cuestiones de moda y diseño. Es por ello que en este artículo se hablará sobre la monarquía de Inglaterra y las personas pertenecientes a ella.

La monarquía y su funcionamiento

La monarquía nace de una auto proclamación de pureza, se basa en una familia que es “la elegida por Dios” para gobernar. Esta monarquía lleva alrededor de doce siglos y muchas generaciones de reyes y reinas que se han puesto al mando de la corona, con lujos y dramas ocultos y otros más, secretos a voces, entre las paredes de los palacios y en las portadas de los periódicos junto a los, ahora en esta nueva era de tecnología, medios  de oposición. 

Esta, a diferencia de otros reinados, no es absoluta, empezó siéndolo pero fue en el siglo XVII que esto dejó de ser así, ahora cuenta con un parlamento que poseé miembros elegidos democráticamente y la corona parece ser algo inutil y banal. A esto viene siempre la pregunta, ¿de qué sirve una monarquía si ya se tiene un gobierno? ¿Qué papeles juegan las y los miembros pertenecientes a la realeza? La persona bajo la corona representa los ideales, valores e imagen de la población a la que gobierna, ¿pero realmente lo hace?

Un buen argumento a favor de la monarquía es que es una monarquía constitucional, el parlamento depende de la aprobación de la reina pero la reina depende de la opinión del parlamento. 

Principales miembros

Con el fallecimiento de la reina, es imprescindible para el gobierno de Gran Bretaña y sus colonias que alguien tome el mando y ese es el hijo de Isabel II: Carlos III. Antes de morir, la reina era la más importante en esta jerarquía, no sólo por durar 70 años en el trono, sino por el poder que representaba su decisión, los eventos históricos que tuvo que pasar y el cambio de generaciones hacia la modernidad, globalización y tecnologías. Después de la corona, sigue la descendencia de la reina, es decir, el ahora proclamado rey Carlos, y así sucesivamente en la línea de las y los primogénitos de las personas sucesoras. 

Esto sería así en dado caso de querer hablar de la familia real en cuestiones lineales, pero también están las reinas y los reyes consortes, como en el caso del duque Felipe, pareja de la reina Isabel, o la reina Camila, actual esposa del Rey Carlos. Tenemos a los más importantes de una nueva generación, la duquesa de Sussex: Meghan Markle, también actriz y su esposo, el príncipe Harry; además de Kate Middleton, actual princesa de Gales y su cónyuge: el sucesor al trono: William.

La moda de la cabeza al trono

Un hecho conocido es que, desde siempre, a las mujeres se les ha exigido más en todas las cuestiones para demostrar su valía, y el hecho de una vestimenta más elaborada, colorida o detallada es el ejemplo perfecto de que, ni las mujeres de las que se espera sean las más recatadas y serias, se han librado de estas expectativas.

La corona se conoce por ser lujosa y extravagante, incluso en tiempos de crisis, cosa que también se le ha criticado; esto no ha detenido a sus miembros a seguir deseando “representar a la sociedad” a la que gobiernan con sus visitas en jets privados y trajes confeccionados a la medida. Tal es el caso de la reina Isabel, que junto a varios diseñadores a través de los años han confeccionado trajes que posean significados. 

El diseñador Norman Bishop, un modista real de varias generaciones, confeccionó el vestido de la reina para su boda en 1947, dos años después del fin de la Segunda Guerra Mundial. El vestido contaba con flores en homenaje a la Commonwealth (o Mancomunidad, los 56 países que pertenecen al imperio de la familia real) y fue pagado con cupones de racionamiento, debido a la naturaleza de los hechos recientemente ocurridos. Este diseñador formó parte del equipo de la realeza hasta su muerte.

Otra vestimenta importante de la reina es el conocido conjunto que usaba para esa transmisión de confianza y estabilidad y portaba en forma de uniforme junto con su sombrero, estos siempre llevaban algún detalle relacionado con la ocasión, igual que el color de los trajes, las perlas, los guantes o los broches que portaba, ejemplos claros son los momentos importantes como el día que conoció a Donald Trump y usó un broche que le había regalado la familia Obama. También, entre más importante era el evento al que asistía, debía usar un color más brillante y vivo, no debía pasar desapercibida de ninguna forma tanto por su importancia, su altura y además, por protocolo de seguridad. 

“Si vistiera de beige, nadie me vería”

-Reina Isabel II a su sastre.

Una forma política de usar su vestimenta eran esos detalles planeados al vestir, por ejemplo en sus visitas a los países, vestía con los colores de la nación; un recurso ya usado en comunicación que no deja de ser importante. Un ejemplo claro es cuando visitó México y vistió de verde. También los detalles en sus sombreros, que se usaban en ocasiones especiales y servía como una placa de un oficial, recordándole a la gente que estaba ejerciendo su trabajo y a disposición de la nación. Normalmente su ropa estaba confeccionada bajo historias de los países, según la reina y “sus disfraces” (como ella le decía a su mayordomo) eran exclusivamente de trabajo, ya que “no había espacio para lo personal” en ellos. 

Otras ocasiones en las que se le ha descubierto usando sus detalles para comunicar algo, ha sido cuando visitó los estudios de Fox y usó un traje bordado de margaritas, flores típicas de California, lugar en donde se ubica el estudio. En su visita a Irlanda usó tréboles y un color verde; en China usó peonias, flor natal de la nación. Cuando hizo su comunicado sobre el COVID-19 usó un broche verde a juego con su traje, simbolizando esperanza. Usó también el broche del dolor cuando conoció a Trump y un copo de nieve que se fue regalado en Canadá, además de que usó este broche y un zafiro azul con la partida de los duques de Sussex, no se sabe bien el significado del segundo o si representaba dolor, pero al menos el primero se sabe que fue porque ese país era el destino de vivienda de su nieto junto con su pareja.

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