La musa moderna lo verá todo desde un punto de vista más elevado y más vasto; comprenderá que todo en la creación no es humanamente bello, que lo feo existe a su lado, que lo defrome está cerca de lo gracioso, que lo grotesco es el reverso de lo sublime, que el mal se confunde con el bien y la sombre con la luz

Victor Hugo, prefacio a Cromwell.

Comienza octubre y los monstruos que viven debajo de la cama salen a jugar, pero, ¿de dónde vienen y cómo se diferencian de lo bello y otras “estéticas agradables”? Para comenzar el mes con esta temática, parece apropiado zambullirse en la oscuridad y en aquello que se aleja de la naturaleza; aquello que vive en nuestras pesadillas colectivas.

Lo grotesco como categoría estética se inserta entre otras tres: Lo cómico, lo siniestro y lo feo. Tiene la capacidad que tiene para corromper la naturaleza de éstas y transformarlas en algo difícil de comprender, más aún de contemplar, va más allá de una única e inamovible definición.

La estética como campo filosófico ha sufrido limitaciones desde la integración y la relación que tiene con las categorías y juicios kantianos –así como sus respectivos antecedentes platónicos–, ya que delimitan y forman un corpus que más allá de generar una estructura organizada para comprender el mundo, lo fragmentan, dejando grandes grietas entre conceptos que parecen no poder tocarse sin que se genere un sinsentido, ya que las categorías estéticas parten de un momento moral –que no termina de decidir entre καλός (kalós: bello, bueno) y ἀγαθόν (agathos: noble, bueno).–, dificultando la comprensión y la sensación del momento estético.

L’Orco en Parco dei Mostri.

Lo grotesco

Lo grotesco puede entenderse como algo completamente distinto a “[la] razón nunca pasiva”, siendo la primera máxima del entendimiento común humano, según Kant –así es, Kant nos va a perseguir durante todo este viaje–. No es necesariamente lo contrario, pues a eso le llama prejuicio, el cual se basa en la superstición. Siguiendo el entendido categórico, si al estar frente a lo sublime, el espíritu es estimulado y abandona lo sensible para acercarse a la razón y conocer su propia sublimidad, entonces lo sublime no es la naturaleza, sino la razón y las ideas que nacen de ésta.

Es así como lo grotesco se aleja de esto partiendo de sus tres orígenes, permitiendo que, como menciona Adorno, “el espíritu perciba ante la naturaleza menos su propia superioridad que su propia natu­ralidad”, y aunque la estética grotesca da la espalda en ocasiones a lo natural, es justo ese sentimiento de ruptura y disloque que genera el repele con el que está asociado. 

Danza di due zanni, Jacques Callot (1616)

El fenómeno precedió al nombre, como en la gran mayoría de los casos y el nombre nació como un título despectivo –como en otra gran cantidad de casos– en las grottas (grutas) de Italia del siglo XV, en donde fueron encontradas representaciones gráficas y estructurales de la antigua Roma; lo que se manifestaba se encontraba lejos del naturalismo, de lo proporcional, de lo humano. Tales representaciones ocasionaron repudio y eventualmente encontraron su lugar en las nuevas expresiones del siglo XVI, en cuanto fueron realizadas en ornamentos arquitectónicos y gráficos moriscos, así como arabescos.

A partir de este momento se desata una moda por la producción de elementos grotescos y saltan a una extravagancia en el resultado final de las obras, incluso se llega a los diccionarios franceses del XVII, en donde además de la definición ridicule, bizarre, extravagant, se comienza a utilizar el adjetivo de forma más libre por parte de los novelistas de la época, de manera que grotesco también se entenderá desde lo absurdo, lo risible; el aspecto siniestro pierde fuerza y se abre camino hasta encontrarse en la commedia dell’arte, en sus máscaras, sus ademanes y su temática incómoda, con una gran carga social, llena de arquetipos y ridículos.

Grotesque with a female figure, Agostino Veneziano (1540)

No es accidental que la ruptura del siglo XVIII con la ilustración resultase en una regresión al pensamiento medieval, a la introversión, al distanciamiento con la estética academicista, y por lo tanto, en un romanticismo que sirvió como punto de partida hacia lo grotesco desde la experiencia y la exploración de lo corpóreo, negando la belleza clásica y todos sus supuestos. Las manifestaciones artísticas del romanticismo lograron lo que Kant no pudo: darle forma a una categoría que si bien se considera opuesta a lo sublime, en ocasiones va más allá de ésta, pues, como lo pone Philip Thomson: “lo sublime toma empuje en la realidad para abstraerse; lo grotesco penetra en la realidad para concretarse”.

De esta manera, lo feo, lo cómico y lo siniestro se encuentran en la muerte –lo muerto–, dada su naturaleza y el impacto que tiene en la humanidad; tiene la capacidad de producir miedo inmensurable; puede ocasionar risas estridentes y desgarradoras; genera disgusto ante la visión de la muerte y lo que implica.

En siguientes entradas hablaremos de lo cómico, lo siniestro y lo feo. ¿En cuál de estas encuentran lo grotesco en mayor medida? ¿Cuál es su expresión artística favorita con estas cualidades ¿Y su obra?

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