“La Sirenita”, entonces, se convierte en algo más que una fábula memorable. Fue su intento de traducir sus frustrados deseos raros al lenguaje de una historia fantástica, a un fragmento de sueño.”


Disney ha dominado todo medio de entretenimiento con sus películas, series, obras de teatro, distintas franquicias, propiedades creativas, parques, mercancía y mucho más.  Son los dueños de nuestras infancias, procesos de crianza, disfrute y percepción de medio. 

Pero Disney es tan fuerte como los creativos que tienen detrás. La corporación no existe sin su poder creativo.

Detrás de las princesas, los relatos encantados, héroes y heroínas, hay un elemento esencial para establecer el éxito de una película de Disney: la música. Recientemente, esto se hizo claro con el fenómeno que fue “No se habla de Bruno”  de la película Encanto (2021), que alcanzo posicionarse en el primer puesto de la lista “Billboard Hot 100” y o posteriormente en 2013 nadie podía escaparse de “Libre Soy” de Frozen (2013). 

Es cierto que Disney cuenta con millones de propiedades creativas, pero ninguna tendría la relevancia cultural si no fuera por los escritores y compositores musicales. 

La era de Walt

En un principio, el fundador Walt Disney puso su confianza en los hermanos Sherman, Robert Bernard y Richard Morton, juntos establecieron la “magia de Disney” y sus musicales animados, como; Mary Poppins (1964), El Libro de la Selva (1967), Winnie The Pooh (1977),  Los Aristogatos (1970) y la reconocida canción en los parques de diversión “It’s a Small Word”. 

Más que crear canciones para princesas y cuantos fantásticos, los hermanos se enfocaron en crear piezas que la gente pudiera disfrutar fuera de la experiencia cinematográfica. Hits que no escapan tu cerebro y terminas tarareándolos todo el día. 

Un gran punto de partida para los siguientes compositores, responsables del “Renacimiento de Disney” y las piezas musicales más importantes de la compañía.

Los hermanos Sherman y Walt Disney

Howard Ashman, Alan Manken y el Disney Renaissance 

Después de la muerte del fundador, Walt Disney, en 1966 la productora estaba perdida, con proyectos que tienden a ser olvidados como; Robin Hood (1973), Mi Amigo el Dragón (1977) y una serie de películas no animadas como El Perro Fiscal (1976). 

Fue hasta 1980, con la dirección de Michael Einser en The Walt Disney Studios y  Jeffrey Katzenberg como presidente, se crearon las películas más importantes de la compañía, desde Blancanieves (1937). Y todo inicio con una sirena, dos productores de musicales y la liberación homosexual. 

Cayó en las manos de Howard Ashman y Alan Manken crear piezas para la nueva película de los estudios de animación, “La Sirenita”. La historia, como bien la conocemos ahora, sigue a una sirena adolescente que busca pertenecer en “el mundo de los humanos”, llena de curiosidad se aventura y conoce a su “príncipe azul”, en un final feliz la sirena es transformada y la pareja vive feliz para siempre. 

“Quiero formar parte de él”

Una historia inspirada en el cuento de hadas del poeta danés Hans Christian Andersen con el mismo nombre. Ambos relatos tratan con el aislamiento que puede sentir una persona al no ser aceptada en su contexto. Existen análisis realizados por literarios queer que señalan los textos de Christian Andersen como precursores para la literatura queer. 

“La Sirenita”, entonces, se convierte en algo más que una fábula memorable. Fue su intento de traducir sus frustrados deseos raros al lenguaje de una historia fantástica, a un fragmento de sueño. Fue una mirada encriptada, pero lo suficientemente clara, al amor extraño que nunca fue capaz de encontrar para sí mismo”.

Gabrielle Bellot para Literary Hub

Considerando el contexto del cuento, Howard Ashman, un hombre gay de Nueva York de los 80´s, decide plasmar sus propias frustraciones queer en el musical de Disney. Creando la canción representativa de la época, el éxito más grande de Disney y un himno indirecto para la juventud queer. En “Parte de él”  Ariel expresa las frustraciones de Ashman, sobre no pertenecer, el anhelo de un amor correspondió, la búsqueda de pertenencia y la decepción de no encontrarla en tu familia. 

El legado de Howard

Trágicamente, Howard fue diagnosticado con el virus del VIH en un momento en el que significaba una sentencia de muerte. Fue mientras trabajaba en las letras de La Sirenita que recibió su diagnosis, y durante la producción de La Bella y La Bestia (1991) el compositor falleció a los 40 años, los animadores le enseñaron una versión incompleta de la película y solo así pudo verla. 

Howard Ashman, Alan Manken y Tim Rice

Esta fue la primera pelicula animada en recibir una nominacion de la Academia a Mejor Película, y ganadora de Mejor Canción Original con “Bella y Bestia son”. Este premio fue recibido por Alan Menken y la pareja de Ashman, Bill Lauch. 

“Es la primera vez que se da un Oscar a una persona que hemos perdido por SIDA” 

La historia de Howard Ashman puede consultarse en el coumental “Howard” en Disney+. que cuenta el proceso creativo detrás de su trabajo, su vida personal con su pareja y fragmentos del creativo que perdimos muy pronto. 

To our friend Howard, who gave a mermaid her voice, and a beast his soul. We will be forever grateful.

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