Columna por: Rossebanks

“El término no implica que sea un impuesto que sea deducible o legislativo, sino que indica la diferencia de precios basada en el género que existe en el mercado […] en donde el nombre proviene de la típica conexión del color rosa con la feminidad”.


Desde el resurgimiento de la estética Barbiecore, el rosa revivió en la mente de muchas personas pero así también lo hizo el debate en cuanto a el impuesto rosa, lo cual es algo que existe como tal en el imaginario colectivo y tal como se dice en la película de Barbie, “es algo que se disimula muy bien”. 

Definiendo conceptos

El término “impuesto rosa” se utiliza para describir la situación en la que los productos comercializados para las mujeres tienen un precio más alto que los productos similares comercializados para los hombres, incluso si los productos tienen la misma calidad y funcionalidad o llegan a ser literalmente el mismo producto con un envasado diferente, normalmente siendo este de color rosa. Esto puede incluir varios productos como ropa, artículos de cuidado personal, juguetes y otros.

El término no implica que sea un impuesto que sea deducible o legislativo, sino que indica la diferencia de precios basada en el género que existe en el mercado, lo que sugiere que a menudo se cobra más a las mujeres por productos diseñados o comercializados para las mismas, en donde el nombre proviene de la típica conexión del color rosa con la feminidad

El recargo o la suma aplicado a los productos destinados a las mujeres es considerado por algunos como una forma de desigualdad económica y discriminación por razón de género, ya que hace que las mujeres gasten más dinero a lo largo del tiempo en artículos de primera necesidad, es decir: este fenómeno refleja tendencias sociales más amplias y prejuicios profundamente arraigados, que pueden tener efectos adversos en la estabilidad financiera de las mujeres. Por otra parte, las personas (en su mayoría hombres o corporativos) suelen argumentar que las diferencias de precio se deben a variaciones en los gastos de producción, las técnicas de promoción y las diferencias de envasado, y no exclusivamente a prejuicios sexistas.

¿Por qué importa?: Sobre el efecto económico de (sobre) las mujeres

Para comprender las implicaciones más amplias de las desigualdades respecto a los precios basadas en el género es fundamental analizar el efecto financiero que la “tasa rosa” tiene sobre las mujeres. Este estudio se centra en el bienestar financiero, el poder adquisitivo y el empoderamiento económico general de las mujeres, especialmente en lo que respecta a cómo afecta.

Este “impuesto”, al ser aplicado en todos los productos, puede reducir significativamente la cantidad de dinero que las mujeres tienen para gastar en artículos no esenciales (sin contar los países en los que aún se cobra un impuesto [IVA] sobre los artículos de higiene femenina). Este dinero se podría usar como algo disponible después de deducir los gastos necesarios, sin embargo, al pagar precios más altos por los productos y servicios, reduce la renta disponible y su flexibilidad para ahorrar, invertir o utilizar fondos para otras necesidades. Esto puede dificultar que las mujeres elijan qué compras priorizar, afectando potencialmente a su calidad de vida y felicidad.

La capacidad de ahorro e inversión de las mujeres se ve influida por este impacto económico. Los costes adicionales derivados de la tasa rosa pueden reducir su capacidad de ahorrar o invertir en objetivos financieros a largo plazo, como la adquisición de una vivienda, la educación o la planificación de la jubilación.

Un ejemplo claro de esto es la diferencia de precios en la misma estética por un corte para hombre que para mujer en donde el corte puede ir hasta el doble de un género a otro. Inclusive se puede observar en la compra de calzado unisex como lo es Converse o Vans, en donde el producto es el mismo pero por estar en una sección u en otra, su precio aumenta o disminuye, según el target.

Las consecuencias que tiene este precio extra puede ralentizar el proceso de independencia o emancipación individual y el empoderamiento del género en su totalidad, ya que este dinero extra puede reducir significativamente la cantidad de dinero de que dispone cada mujer y de ahí, es obvio que deba reducirse el poder adquisitivo de las mujeres, por lo tanto limitarse su acceso a una amplia gama de bienes y servicios y a su vez dificultar que las mujeres decidan en qué compras centrarse, lo que puede afectar a su calidad de vida y felicidad.

Inclusive, si el ahorro no es motivo suficiente para alarmarnos, también es muy probable que para no tener que reducir su calidad de vida y el dinero destinado a recreación o a productos extra, la mujer deba o sienta que la única opción es estar en una relación de pareja con un hombre y depender económicamente de él, lo cual no permite esta emancipación como persona ni como mujer.

Imposición de roles

Algo de lo que casi no se habla con respecto a este tipo de “impuestos de cristal” es que no sólo afecta a las mujeres o jóvenes adultas, sino que también a las infancias y a las madres porque este se extiende a los juguetes y productos infantiles, poniendo de relieve cómo las diferencias de precios basadas en el género pueden afectar también a las familias y a los niños al moldear las percepciones de los niños desde una edad temprana.

Esto empezando por los presupuestos familiares, sobre todo a los que tienen hijos de distinto sexo. Los padres pueden tener que pagar más por juguetes comercializados para niñas, lo que afecta a su capacidad para asignar fondos a otras necesidades familiares o a la desigualdad entre los productos que se puedan comprar con un dinero destinado a cada infancia.

Algo que también es notorio es como este esquema o modo de comercio contribuye a reforzar estereotipos de género perjudiciales. Los precios más altos de los juguetes asociados a la feminidad pueden perpetuar la idea de que los intereses y actividades de las niñas son menos valorados que los de los niños, limitando así de forma potencial la variedad y calidad de los juguetes disponibles para sus hijos.

Siguiendo esta lógica, si los juguetes educativos son más caros para las niñas y esto podría limitar su acceso a ciertas experiencias de aprendizaje,  el desarrollo, los intereses y las aspiraciones de estas infancias. 

La tarificación del género

Esta tasa hace un manifiesto sobre las graves diferencias de precios y oportunidades que afectan injustamente y de forma desproporcionada a las mujeres y sus familias. Sus repercusiones van mucho más allá de las transacciones monetarias o las cantidades adicionales que se pagan por determinados productos y servicios, revelan muchas cosas sobre los roles de género en la sociedad y la complicada interacción entre la igualdad de género y los sistemas económicos.

Como sabemos que lo personal es político, estas implicaciones económicas se visibilizan en todos los hogares, relaciones e incluso en los años de formación de las infancias, el efecto de este fenómeno demuestra que diferencias de precios aparentemente insignificantes tienen consecuencias importantes. Por ello es importante que cuestionemos las reglas que permiten que continúe este régimen; eliminar el “Impuesto Rosa” no es solo una cuestión económica, se trata de transformar la sociedad y la eliminación de las limitaciones que conlleva la fijación de precios basada en el género. Se trata de cambiar la percepción de las decisiones económicas como un medio de empoderamiento, en lugar de una fuente de discriminación.

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