Time… one of the most complex expressions.

[…]

All is transient.

Does it matter?

Do I bother?


¿De dónde procede? ¿Quién es? ¿Qué es lo que quiere? ¿Es una criatura de otro mundo, un hombre o un robot? Los presentadores de televisión y el mundo entero se hacían muchas preguntas sobre el polifacético artista David Bowie en sus inicios. Este rico documental ofrece algunas respuestas.


El día de ayer, el mundo celebró la vida de David Bowie, en el 76 aniversario de su nacimiento –y el día 10, siete años de su muerte–. El músico inglés, nacido David Robert Jones, reconfiguró la escena musical de los años setenta, sumergiéndose en una búsqueda personal que le llevó a expresarse en el escenario y fuera de éste bajo numerosos personajes. La última gran celebración cinematográfica del artista llegó por parte de Brett Morgen bajo el título Moonage Daydream… ¿vale la pena explorar el trabajo del cineasta?

Si el documental musical siempre ha existido, y a menudo ha tenido el honor de ser seleccionado para Cannes (Amy; Whitney), los últimos años parecen haber intensificado el fenómeno. El regreso de Balvin a su ciudad natal, The Beatles: Get Back de Peter Jackson sobre uno de sus icónicos conciertos, o un sinfín de producciones para las distintas plataformas de streaming –basta con ir a la categoría de Netflix para ver cómo cada estrella del pop tiene derecho a su propio homenaje audiovisual–.

En medio de esta plétora de ofertas, es difícil distinguir entre los objetos que no tienen más ambición que surfear sobre una reputación y las obras verdaderamente cinematográficas. En dos minutos, Moonage Daydream ofrece una dirección y tranquiliza: ¡estamos ante una gran película!

No es una biopic. Tampoco es un documental biográfico convencional. No hay testigos, ni especialistas que cuenten ante las cámaras los avatares de la vida de David Robert Jones. En su lugar, las palabras del mismo Bowie, recogidas por sus entrevistadores a lo largo del tiempo, en su mayoría de la década de 1970, sirven de hilo narrativo a un montaje explosivo e ininterrumpido de imágenes. Resulta necesario aferrarse al asiento, el ritmo no decae ni un segundo durante este prodigioso homenaje de dos horas y media que pasa volando.

“Extraer las pequeñas y frágiles verdades del caos”

El director, editor y productor de Moonage Daydream, Brett Morgen, no sólo es un gran admirador del icono del rock, sino también la primera persona a la que los herederos de Bowie han concedido un acceso sin precedentes a su archivo. Un tesoro reunido por el artista, que ya había permitido al Victoria & Albert Museum montar la vasta retrospectiva Bowie is en la Philharmonie de París en 2015, y que contiene, en particular, decenas de horas de conciertos en directo y programas de televisión, imágenes de obras de teatro –cuando Bowie interpretó Elephant Man en Broadway, en particular–, recortes de clips, fotografías, diarios, pero también vídeos experimentales, pinturas, esculturas, dibujos y poemas del peculiar extraterrestre.

“Soy un coleccionista, colecciono personalidades e ideas”, respondió Bowie a Russell Harty en 1973 (en Granada TV) cuando le preguntaron quién era. Un coleccionista en sentido literal, ya que lo había guardado absolutamente todo de su odisea artística, pero también en sentido figurado: un coleccionista de experiencias e inspiraciones, que decía reunir ideas y trabajaba para “extraer las pequeñas y frágiles verdades del caos”. La película, un torbellino de fragmentos de imágenes y sonidos del que emergen algunas verdades profundas sobre Bowie, no hace otra cosa.

Las imágenes y palabras de Bowie juntas forman un impresionante caleidoscopio, un fascinante torbellino que pinta un retrato impresionista del camaleónico artista y de su arte. Este caos organizado trastorna la cronología, mezcla épocas y asume su subjetividad, ya que ni siquiera menciona algunas de sus desventuras.

Aunque se menciona brevemente a su hermano Terry, que padece esquizofrenia, y la tensa relación con su madre, así como su matrimonio con Iman, su vida privada no es el centro de la película. Se destacan su enfoque artístico y sus numerosas influencias (el mimo, Asia, el cut-up de William Burroughs, Sur La Route de Jack Kerouac, el expresionismo alemán, Metrópolis de Fritz Lang, Méliès, Buñuel, Kubrick, Oshima, etc.). Al igual que su filosofía y espiritualidad.

Iluminando su filosofía y espiritualidad

Se muestran todas las metamorfosis del hombre de las mil caras, sin un orden particular, pero con una coherencia subyacente en el tema. Para Brett Morgen, David Bowie no es sólo un artista sumamente creativo y visionario con todo tipo de talentos. También quiere mostrar al amante de la vida que no quería desperdiciar ningún día, al hombre curioso que intentaba “expresar los misteriosos recovecos de la mente”.

Insiste mucho en el filósofo que fue Bowie, ese modelo según él de “envejecer bien”, que señalaba regularmente la impermanencia de todas las cosas y cuya búsqueda espiritual, –Buda un día, Nietzsche al siguiente– le hacía decir que creía “en una fuerza, una energía”, y que sólo observaba un culto: “el de la vida”.

Es un gozo a ver a Bowie entrevistado en viejos programas de televisión de los años 70, el Show de Dick Cavett en particular, en calidad restaurada y, de ser posible, en pantalla grande. Su forma encantadora, inteligente, educada y humorística de responder a las preguntas. Y la inquietante mezcla de sonrojante timidez y confianza que ofrecía, aunque sólo fuera en la libertad y extravagancia de su ropa.

Esta película es también una cita ineludible en el plano musical: consigue, dar la impresión de asistir a uno de sus espectáculos, los de Ziggy Stardust en particular, gracias a raras imágenes restauradas. En cuanto a la banda sonora, supervisada por su fiel productor Tony Visconti, se beneficia de los últimos avances tecnológicos en la materia (Dolby Atmos) para realzar el desfile de éxitos eternos como Space Oddity, Ashes to Ashes, Life on Mars, Heroes o Let’s Dance. La potencia sonora es tal que puede llegar a abrumar.

Frenético homenaje psicodélico a un artista polifacético, Moonage Daydream es una obra de arte en sí misma, de la que uno sale atónito, con estrellas en los ojos. Brett Morgen ha dedicado cinco largos años de su vida a esta película. Aunque quiere compartir el How to Live de Bowie “con las nuevas generaciones”, admite que le habría gustado poder trabajar en él el resto de su vida.

“Soy una estrella instantánea, sólo hay que añadir agua”

Aquí no se trata de repasar las etapas clave de la vida del artista británico; no hay linealidad cronológica, todo es una experiencia sensorial. Con una impresionante riqueza de imágenes de archivo, entrevistas, extractos de películas y secuencias alucinantes, la película cuenta el vértigo de Bowie mucho más que su vida, ofreciéndonos una inmersión radical en el corazón de la psique de un artista polifacético, convirtiéndose en un personaje cuyas formas de expresión fluctúan con el tiempo.

Evidentemente, si se es ajeno al artista, puede que la duración torne larga hasta los créditos finales, pero para todos aquellos que no sienten aversión por el luminoso extraterrestre, este viaje hacia el universo Bowie destaca maravillosamente. Resulta indispensable agarrarse al asiento y dejarse llevar, abandonarse a este viaje absoluto, una reverencia perfecta al artista cuya obra no podría resumirse de otro modo que con semejante libertad visual.

“La verdad es, por supuesto, que no hay viaje. Llegamos y partimos al mismo tiempo”.

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