El pintor, que estaba enfermo y alejado de la escena pública, ha fallecido a los 72 años.


Arquitecto de profesión, y con estudios de diseño industrial en la Universidad Iberoamericana, Rafael Alejandro Cauduro Alcántara descubriría hacia 1975, después de ejercer como ilustrador y dibujante de cómics, que quería ser pintor. Al año siguiente montaba en la Casa del Lago su primera exposición, y para 1981 la Galería Misrachi ya representaba y promovía su obra.

La muerte, el paso del tiempo, la religión y la presencia femenina, serían algunas de las obsesiones del artista autodidacta, quien en 1984 expuso por primera vez individualmente en el Museo del Palacio de Bellas Artes.

“Hemos perdido a un personaje muy, muy importante de la plástica mexicana. Un personaje que no es cuánto tiempo vivió sino con la intensidad que vivió, y tuvo una vida extraordinaria, muy plena y muy, muy interesante. Creo que es lo que hay que recordar de Rafael”, apunta el pintor Ricardo Mazal, amigo de Cauduro, a quien conoció en la Ibero.

“Rafael, a diferencia mía, encontró su vocación mucho más temprano. Él sólo estudió un año de diseño, y después de eso se dedicó ya al arte”, relata Mazal desde Nueva York, donde a principios de los 90 ambos creadores se reencontraron y donde incluso planeaban tener un estudio juntos, lo cual no se concretaría. “Yo tengo un gran respeto a Rafael como artista, como persona; su obra tiene un mérito tremendo, un lugar muy importante en la plástica mexicana”.

Escenarios subterráneos

Adiós a la mentira, adiós a la renovación, adiós al arte

Ante el fallecimiento del artista originario de Ciudad de México, el sábado a los 72 años, uno de los más relevantes del País y fuera de éste, la curadora de la retrospectiva Un Cauduro es un Cauduro (es un Cauduro) insta a reflexionar mucho más acerca de la amplia gama de creaciones y toda la experimentación de su obra, “y no estarlo encasillando en un solo movimiento”.

Resistiéndose en todo momento a ser encasillado en el hiperrealismo, el artista plástico Rafael Cauduro prefería identificarse más con la fantasía, la ficción, la mentira.

Algunas otras piezas de carácter público, como el mural del Metro Insurgentes, Escenarios subterráneos, o El Condominio, que pintó en la fachada de un edificio ubicado en Avenida Veracruz, en la Colonia Roma, perpetúan a Cauduro como parte de la urbe misma.

El artista plástico estaba enfermo y permanecía alejado de la escena pública. Cauduro fue autor de otras obras maestras como Un clamor por la justicia. Siete crímenes mayores, un mural que ocupa tres pisos del edificio de la Suprema Corte de Justicia de la Nación y que muestra a una mujer violada, hombres lanzados al vacío, manifestantes atravesados por lanzas o los archivos de casos que se apilan sin seguimiento. Inclasificable y outsider, como lo describieron los críticos, Cauduro había dicho que en sus obras intentaba “hacer una mentira comprensible”

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