¿Hasta dónde puede llegar una madre de familia desesperada? ¿Qué haría falta para que un padre, perdido en su mente, vuelva a creer? ¿Qué tan poderosa es nuestra fe, y como podemos actuar sobre ella? 


Siempre estaré agradecidx por las películas que la tele abierta mexicana me mostró a temprana edad. Aunque en el momento, no se sentía de esta manera, ver “El Exorcista” a los 7 años en el canal 5 cambios muchas cosas sobre como veía el cine. 

Atormentadx por el rostro desfigurado de la pequeña Regan o las simples notas del motif que escribió Mike Oldfield’s. El exorcista se convirtió en una pesadilla por meses y meses, y una de las razones por las que decidí nunca ver cine de terror. 

Este fue el regalo que le dio el director recién fallecido, William Friedkin, al mundo. Tanto él como su equipo de dirección, guionista, DP y editor, crearon algo totalmente nuevo que definió un género y otras generaciones de cineastas. Literalmente, cuando ves cualquier otra película sobre exorcismos puedes notar al menos una influencia de Friedkin y su equipo. 

Entre los tres protagonistas y la trama de esta película de terror se cuenta un relato sobre; la perdida de inocencia, la fe y la distancia. 

Fe 

Cualquier historia sobre ángeles y demonios tiene como tema central un conflicto sobre la fe. Hacia la religión, la familia, a si mismx o a la sociedad. Aquí la relación entre el padre Damien Karras y la Chris MacNeil, crea una tención donde cada unx pone su fe a prueba. 

El padre Karras, ahora un padre con dudas, antes un psicólogo fallido, se enfrenta a un dilema con respecto a su fe. Tras enfrentar la enfermedad terminal de su madre y sentirse inútil de hacer algún cambio, con sus pacientes o cristianos devotos que van por su ayuda. En la novela, escrita por William Peter Blatty, lo primero que le dice el demonio dentro de Regan, Pazuzu, es una burla directa a su “poder“

“—¡Bien, bien, bien! -exclamó Regan sardónicamente. Karras sintió un escalofrío, porque la voz era increíblemente profunda y densa de amenaza y poder-. De modo que eres tú…, ¿eh? ¡Te han mandado a “ti”! Bueno, no tenemos que temer nada de ti en absoluto.” 

Chirs MacNeil es la actriz más importante del momento, la ciudad la reconoce por ser una estrella de Hollywood. Tiene la relación perfecta con su hija, su carrera y sus alrededores.  Todo eso, antes de Pazuzu, pero el demonio la obliga a darse cuenta de la soledad que le rodea. Esta mujer famosa, blanca, rica e influyente, tiene todos los recursos a su disposición. Su fe está en su poder y sus privilegios, pero aun así es inútil para ayudar a su hija, quien se corrompe día con día. 

Su relación les permite fortalecer la creencia de que pueden curar a Regan, Chris no tiene que sufrir por sí sola y el padre Karras puede ponerse a prueba para salvar la fe. Regan, se convierte en un símbolo de fe. 

Es interesando como, a diferencia de otros relatos, la perdida de fe no se refleja en el terrible gran final que es la muerte. Si no en la constante putrefacción de la esperanza. 

La perdida de la inocencia

Al ser poseida, Regan se convierte en una imagen de perversión, corrupción, deseo y maldad. Todas las cosas que una infancia no debería ser. Muchos críticos y fanáticos han hecho la lectura de que la posesión de Regan tiene una conexión o alegoría al deterioro de una infancia después del abuso. 

Esta película no asusta con el uso de “jumpscares”, muertes violentas o gore, ni siquiera intenta atacar el miedo psicológico, lo que hace- con mucho éxito- es crear terror desde la empatía. Poniendo al centro de la violencia la inocencia de una infancia y la relación amorosa entre una familia. 

Para crear miedo desde una situación tan fuera de lo común que algunos podrían decir, falsa, como las posesiones demoniacas, Frederick y su equipo enfocaron su atención en crear una realidad dentro de esta fantasía. Desde los largos planos de gente caminando de un sitio a otro, tomas estableciendo la vida de estos personajes previo a la posesión, personajes que, aunque no se conocen, están profundamente conectados. 

Para mí, el exorcista dio y sigue dando miedo, por la manera que interrumpe la vida cotidiana. Como cualquier tragedia, viene a entrometerse en tu ritmo y mueve todo lo que has construido.

Aquí, Friedkin y el escrito de la novela, William Peter Blatty, se aprovechan de esta empatía. Pazuzu viene a causar caos en la vida de una familia, viene a destruir el futuro de una infancia, romper relaciones familiares y traumar de por vida a dos inocentes personas. El demonio viene a probar lo frágil que es la experiencia humana, como se desmantela con unas cuentas groserías, blasfemias y transgresiones. 

Distancia

La historia nos pone a distancia de todos nuestros personajes, Regan y su madre pierden conexión al momento que es poseída, el padre Karras y su madre tienen una relación alejada gracias a la enfermedad terminal de la última parte, y el padre Lankester está tan distanciado de los otros personajes investigando el origen de este demonio. 

Al querer cementar una realidad en esta situación, Fredkin se enfoca en maneras de presentar una realidad. Las tomas que se utilizan para establecer que los personajes van de un lugar a otro- que pueden parecer innecesarias y ciertamente suelen ser demasiadas- logran establecer una mundanidad en la vida de estos personajes. El transcurso de sus vidas, presentado con tanta normalidad que cualquier intervención es violencia. 

La distancia la aprovecha Pazuzu para causar violencia, para performar en burla de los afectados y acusar caos. Atormenta a Chris con el bienestar de su única hija, aterroriza al padre Karras con visiones de su madre, en ese momento ya difunta, y utiliza todo su arsenal para atacar al padre Lankester, quien estaba más cerca de conocer la verdad y acercarse al demonio. 

Pensaría que la distancia es el tema y la herramienta central para llevar a cabo todos estos temas. Ejemplificado principalmente por el padre Karras, su distancia en la fe es lo que le ha llevado a perder la esperanza de hacer un cambio, en su vida profesional, su estancia en la iglesia y vida familiar.

Haciendo el sacrificio final aún más trágico. 

Como creyente, William Friedkin, realizó esta película con la intención de mostrar los límites de la fe. ¿Hasta dónde puede llegar una madre de familia desesperada? ¿Qué haría falta para que un padre, perdido en su mente, vuelva a creer? ¿Qué tan poderosa es nuestra fe, y como podemos actuar sobre ella? 

Pero al final del día, tanto la fe y el sacrificio del padre Karras, es solo una distracción de los hechos. El padre ofrece su cuerpo como un nuevo vehículo para el demonio para terminar en un suicidio que libere a la familia de este terror y a él del sufrimiento. Este sacrificio no es una victoria. No se erradica al mal, solo se saca del hogar. 

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