Mar. Jul 5, 2022
12:39 am

El último canto de la dama blanca: Representación de la figura del cisne en el arte Pt. II

El mudo canto del cisne también fue escuchado en oriente, dando pie a una serie de nuevas interpretaciones; adaptándose al constructo sociocultural establecido en las diversas regiones de Asia y Oriente Medio


A pesar de haber abordado algunas de las más destacadas representaciones en Europa, el vuelo del cisne atraviesa –casi– toda cultura del planeta, encontrando rastros de su migración en cuentos, canciones, leyendas, e incluso mitos creacionales, construyendo identidad y generando una red de creencias alrededor de la enigmática figura del ave.

El cisne que evitó la extinción del pueblo Ainu

El período Jōmon –término que surge del inglés cord marked pottery– abarca del año 14,500 a.C. hasta el 300 a.C., siendo a partir del 11,000 a.C., aproximadamente, cuando se data por primera vez la presencia de la comunidad Ainu, cuyo vocablo se traduce a “humano”, en Ezo o Ezochi –tierra de los Ainu–, región que se conoce hoy en día como la isla Hokkaido, en Japón. Los Ainu creen que el mundo descansa sobre el lomo de una trucha gigante, que las nutrias provocaron los defectos de los seres humanos y que ver a un búho volar por la cara de la luna por la noche es motivo de gran inquietud. Gracias a las descripciones recopiladas por el reverendo inglés John Batchelor, quien vivió entre la comunidad durante algunos años a principios del siglo XX. 

Según la información obtenida, la historia general presenta a una deidad creadora que envía un pequeño pájaro a la Tierra para crear pequeñas masas de tierra en la masa acuática. El pájaro crea mágicamente una tierra firme volando por encima del agua y colocando trozos de tierra en zonas específicas mediante el pisotón de sus patas y su cola. Después de la creación de la tierra, las distintas historias de los Ainu difieren enormemente. Algunos mitos sostienen que el primer antepasado de los ainu fue un oso, mientras que otros relatan la creación del primer hombre y la primera mujer, Okikurumi y Turesh, cuyo primer hijo fue el primer Ainu.

Ema de un samurai japonés y Ainus en Hokkaido (1775)

Sin embargo, existe un mito que habla de la extinción de toda la comunidad debido a un creciente y violento conflicto entre sus integrantes. Muchos años después de haberse establecido en el archipiélago de Japón, la maldad se coló en los corazones de cada Ainu, degradando el alma de la región al reñir entre ellos, luchando hasta la muerte hasta que, eventualmente, fueron invadidos por guerreros de otra tierra. La guerra desatada llevó a la muerte de todos los Ainu, excepto uno que logró esconderse de las terribles llamas; de las temibles armas. El sobreviviente era tan sólo un niño pequeño que no pudo hacer más que llorar tras disiparse el humo. Su llanto llamó la atención de una mujer extraña, lejana a todo pueblo y todo conflicto; al ver que se encontraba solo en medio de un centenar de cuerpos inertes, la mujer lo adoptó, le construyó un hogar y lo amó hasta que el infante creció y pudieron casarse, convirtiéndose en los padres de una nueva comunidad Ainu.

Dios creó originalmente el cisne y lo mantuvo en el Paraíso como uno de sus ángeles. La mujer que salvó a este muchacho y luego se convirtió en su esposa era un cisne. Se transformó en mujer y bajó para mantener viva al pueblo sumido en la violencia. Dios también salvó al niño con este propósito. Mientras la mujer vivía, solía llorar y lamentarse por la gente si alguno de ellos enfermaba o moría y  así es en la actualidad, cuando se oye el grito del cisne. Este es, pues, el principio de las cosas; desde entonces la adoración del cisne entre la ahora escasa población Ainu es conocida como la “Ceremonia de la adoración de la Señora Cisne”.

El cisne del conocimiento y la autorrealización

En el caso de India, el hinduismo percibe a Brahman a través de deidades masculinas y femeninas. Cada hindú adora su propia forma preferida de Brahman, conocida como Ishta Devata. Existen tres deidades masculinas principales conocidas como la Trimūrti (tres deidades). Las tres principales –masculinas– son Brahma –vinculado a Saraswati–, Vishnu –vinculado a Lakshmi– y Shiva –vinculado a Parvati–. Los tres aspectos de la Trimūrti representan diferentes partes del ciclo continuo del Saṃsāra, concepto de vida cíclica, cuyo vocablo se traduce a “mundo”. Las principales deidades que juntas representan el funcionamiento general del universo. Como miembros de esta trinidad, el papel de Shiva es ser “el destructor/transformador”, mientras que Brahma es “el creador” y Vishnu actúa como “el preservador”. Las diferentes partes de la Trimūrti están vinculadas a tres cualidades humanas o gunas que son:

  • Tamas – Ignorancia.
  • Rajas – Pasión.
  • Sattva – Bondad.

Brahma es el padre de la creación. Se le representa con cuatro cabezas y cuatro brazos, con las diferentes cabezas giradas hacia las cuatro direcciones del espacio. Se muestra a menudo sentado en un cisne divino, lo que significa el viaje del alma individual en su camino hacia su verdadero hogar: la unión con Brahman. 

En sus manos, Brahma suele ser representado sosteniendo cinco objetos:

  • Un rosario, que simboliza el tiempo
  • Una vasija de agua, que muestra el potencial de la creación
  • Un cetro en forma de cuchara, que representa el vertido del óleo sagrado durante la oración y muestra que Brahma es el señor de los sacrificios
  • Los textos sagrados (Vedas), que muestran que Brahma hace posible todo el conocimiento
  • Una flor de loto – para representar el loto del que Brahma evolucionó

Por otra parte, Hamsa (हंस) –cisne, ganso– es también el vehículo de la diosa Saraswati, quien se encuentra unida a Brahma. Ella es la diosa del conocimiento, el aprendizaje y el arte. Curiosamente, un santo hindú que se eleva por encima de los pensamientos de la muerte y el nacimiento y medita constantemente en Brahman se denomina Paramahamsa.

Las mil y una noches de la doncella cisne

A pesar de existir una gran variedad de historias que abordan el tropo de la doncella cisne con elementos muy similares, adaptándose a momentos socioculturales en distintas regiones del planeta, las ficciones encontradas en Medio Oriente destacan en cuanto al número que se presenta. Desde las historias y diferentes versiones narradas por Scheherazade en Las mil y una noches; hasta la recopilación de cuentos realizada por Guillaume Spitta-Bey.

La historia que escuchó Shahryār llega a dividirse en distintos relatos que llegaron a no incluirse en la traducción de Antoine Galland. Insertándose entre la historia de Hasib Karim al-Din y la reina serpiente –noches 482-536– y La historia de Buluqiya –noches 486-533–, se encuentra La historia de Janshah –noches 499-531–, en donde se aborda la una aventura romántica entre humanos y jinn , que aún no ha aparecido en la colección. En segunda instancia se registra Hassan de Bassorah –noches 778-831–. Hasib Karim Al-Din, personaje principal, llega a un oasis; encuentra y observa a doncellas –aves del paraíso– desnudar sus plumajes para jugar en el agua. Se considera que ambos relatos contienen el cuento internacional de la doncella cisne.

Un tercer relato es el de Mazin de Jorasán, supuestamente no incluido en la traducción de Antoine Galland. Mazin, un tintorero huérfano, es invitado a un castillo donde hay un magnífico jardín. Una tarde, descansa en el jardín y ve la llegada, a través del aire, de siete doncellas con vestidos de “seda verde claro”. Más tarde se le informa de que las siete son hermanas de una reina de una raza de genios femeninos que viven en un reino lejano. La historia de Mazin es bastante similar a la de Hassan de Bassorah, aunque con diferencias durante la búsqueda.

En un cuento árabe titulado Histoire d’Ours de cuisine, afín a la historia de la doncella del cisne, un rey posee una fuente en su jardín en la que le gusta bañarse a una doncella con una túnica de plumas. Una noche, el rey, apasionado por la muchacha, coge sus ropas de un árbol cercano y pretende hacerla su novia. Ella consiente, con la condición de que el rey ciegue a sus cuarenta reinas.

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