Jue. Jun 30, 2022
11:41 pm

Perfil de artista: Sor Juana Inés de la Cruz

¿Qué se sabe de la literatura barroca? Una persona promedio probablemente diría que no la conoce, que no sabe de qué momento histórico se está hablando, ni mucho menos de las características que lo componen. 

Una de las mayores exponentes, sino es que la mejor o quizás simplemente aquella que se adueñó del estilo y dominó este lenguaje como nadie más pudo, fue Sor Juana Inés de la Cruz, quien hasta hace apenas aproximadamente un siglo que empezamos a conocer, pues su existencia y sus textos permanecieron en la penumbra por siglos, especialmente en México. 

A pesar de que, como casi cualquier personaje del pasado, no se saben todos los datos certeros sobre su vida, sí se saben ciertos elementos claves para entender un poco más, o en su defecto sentirnos atraídos a conocer la obra de esta escorpiona famosa conocida como la décima musa. Es verdad que con la poca información que existe con respecto a ella, se ha creado todo tipo de contenido desde libros, series televisivas, películas y novelas inspirados en su vida, sus relaciones, sus textos, e incluso se le han atribuido interpretaciones a sus escritos que la han posicionado como ícono lésbico, teniendo como base lo que se sabe de su relación con la virreina Manrique. Sin embargo, yo insisto en que la mejor manera de acercarnos a la poeta, si es que queremos hacerlo, más que por los rumores y el misticismo que rodea su vida y su imagen es por sus poemas, sus obras de teatro, sus cartas. Dentro de todo este cúmulo de rumores, uno que sí se rescata y se tiene puesto sobre la mesa como innegable es la lectura feminista que se la ha atribuido, pues es verdad que, sin auto proclamarse feminista por lo desconocido del término en ese entonces, funge como una representante de una de tantas maneras en las que las mujeres luchaban desde su trinchera contra el patriarcado, reclamando equidad e igualdad de oportunidades. Aunque claro, que esto sea un dato “aceptado” y cobijado por sus lectores, la interpretación queda sujeta a cada persona que se acerca a sus letras.

Juana Inés de Asbaje Ramírez de Santillana aprendió a leer y a escribir a la edad de los tres años, demostrando una avidez constante por la lectura y el conocimiento, sed que nunca, como sabrán los lectores, queda totalmente saciada. Pasó los primeros años de su infancia en Nepantla, rodeada de los volcanes y de los libros de la biblioteca de su abuelo, mismos que la inspiraron a rogarle a su madre que la dejara ir a la universidad, cosa que fue imposible, pues como todos sabemos, la escuela era permitida únicamente para aquellos varones que quisieran estudiar.  Era sumamente disciplinada, en su respuesta a Sor Filotea comenta que incluso dejó de comer queso (su comida favorita) porque escuchó el rumor de que este afectaba la capacidad de aprendizaje del cerebro.

Esto puso en una encrucijada a Juana, pero al ser enviada con su tía, cuyo esposo tenía un buen lugar en la corte, encontró espacio para leer, componer y entretener a la virreina hasta los 20 años. Sabía tantas cosas que se dice que el virrey mandó a muchos de los sabios del país a hacerle preguntas, mismas a las que supo perfectamente cómo responder.

Al estar segura de que lo que quería en la vida era el camino del conocimiento, Juana eligió unirse a un convento para poder dedicar su vida al estudio sin tener encima las responsabilidades de una mujer de esa época, con las cuales jamás le hubiera sido posible e incluso le hubiera sido prohibido el acceso a la lectura excesiva, a la ciencia y a la medicina. Y es así que tras intentar unirse a las Carmelitas descalzas terminó en el convento de San Jerónimo donde pasó el resto de su vida leyendo y acumulando una biblioteca de más de 4000 libros.

Entre los muchos textos que Sor Juana escribió se encuentran múltiples poemas de métrica tradicional perfectamente elaborados, obras de teatro, autos sacramentales y prosa. Es importante destacar que ella aclaró que todo lo que escribía era por encargo. De los textos más relevantes me daré el lujo de mencionar tres.

Dramaturgia: Los empeños de una casa

Esta es, hasta ahora, su obra de teatro más famosa, e incluso es representada todavía el día de hoy como una excelente comedia de enredos que representa los obstáculos de una apreja que no puede estar junta. Se dice que en ella se representan muchos de los anhelos frustrados de la propia Sor Juana, que, al ser monja, tenía que reprimir.

Lírica: Primero sueño

Este es un poema sumamente largo que se considera obra cumbre de Sor Juana Inés de la Cruz. Éste surge como una especie de homenaje, más que un intento de copia, al previo poema de Luis de Góngora: Las Soledades. Se dice que este fue el único de los textos escritos por Sor Juana que fue verdaderamente por gusto, y muchos lo consideran incluso mejor que el poema de Góngora. En este poema Sor Juana narra una especie de viaje del alma fuera del cuerpo que se mueve hacia lo onírico. Sin embargo, para hacerlo opta de recursos médicos, científicos, metafísicos y religiosos.

prosa:

  • Neptuno Alegórico:

Este fue un texto hecho por encargo, en el que hizo una comparación del rey Neptuno con el Virrey que llegaba a México, fue uno de los textos que más le reconocieron.

  • Carta Atenagórica:

En esta, Sor Juana pone en jaque un sermón de Mandato del obispo Antonio Vieria. Es el inicio o la primera parte de la respuesta a Sor Filotea. Es unt exto teológico y sumamente filosófico.

  • Respuesta a Sor Filotea: 

Continuación de la Carta Atenagórica. En esta carta Sor Juana contesta a todas las recriminaciones hechas por Fernández de Santa Cruz, bajo el seudónimo de Sor Filotea de la Cruz

Conocer el trabajo de Sor Juana, independientemente de que nos guste la poesía o no, es una experiencia sublime, uno siente al estar leyendo sus letras que puede ver los engranajes funcionando dentro de su cabeza, y al menos a mí, me hace preguntarme que si apenas hace un siglo se descubrió la pluma de esta grandiosa escritora, cuántas otras mujeres que escribían se quedaron sin ser descubiertas, escribiendo donde podían y cómo podían sin importarles realmente que las leyeran.

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